martes, 2 de marzo de 2010

ORACIÓN EN HONOR DE SAN ADRIANO Y SANTA NATALIA
Testimonios vivos de fe y amor.

HISTORIA
Padrenuestro

El martirio
Nos remontamos a los siglos III y IV. San Adriano es un joven romano encargado de la administración de justicia al que el emperador Maximiano envía a Nicomedia (Turquía) para presidir el martirio de varios cristianos. Quedó tan impresionado por la fuerza y la fe mostrada por los cristianos que se convirtió. A pesar de no haber sido bautizado, y tocado por la divina gracia, mandó que anotasen su nombre junto a los martirizados. Enterado el emperador, fue inmediatamente arrestado y torturado. Corría el año 306. Él y sus compañeros prisioneros fueron atendidos por su mujer Santa Natalia - convertida anteriormente al cristianismo - hasta la ejecución. Los fieles llevaron los restos mortales del mártir a Constantinopla, a donde se trasladó más tarde santa Natalia para pasar los últimos días de su vida junto al cuerpo de su amado esposo.

Tres siglos después la devoción a San Adrián se extendió por la Hispania visigoda para convertirse en uno de los dos santos de culto más antiguo de la Península.

Custodia de sus reliquiasLos cuerpos de ambos santos fueron llevados a Roma. El papa Juan VIII los donó al rey de España, D. Alfonso III el Magno, que los destinó a la iglesia de san Adriano del Monasterio de benedictinos de San Pedro de Eslonza (León) y fueron trasladados al mismo convento en 1602.

Al efectuarse el Decreto de la exclaustración, un religioso de este monasterio, fray Antonio González (después párroco de Santa Olaja de Eslonza), tomó a su cargo la custodia de la urna, con la esperanza de que algún día pudieran volver a recibir culto en la iglesia. Más, viéndose en edad avanzada, lo puso en conocimiento del obispo quien decide trasladar las reliquias al Monasterio de benedictinas de Santa María de Carbajal (León capital), ya que tantos años había pertenecido a otro monasterio de la misma orden, y donde son custodiadas desde 1878.


PLEGARIA

Invocación inicial
V/ Dios mío, ven en mi auxilio.
R/ Señor, date prisa en socorrerme.
V/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
R/ Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

HimnoDe Adriano y de Natalia los triunfos prodigiosos
En ecos armoniosos cantemos sin cesar.
Mártires esforzados, valientes campeones;
Oíd nuestras canciones,
Oíd nuestro clamor.
Y dadnos de la vida en el luchar violento
Cual vuestro aliento,
Cual vuestro ardor.

Antífona: Los cuerpos de los santos fueron sepultados en paz y su fama vive por generaciones. (T.P. Aleluya)

Salmo 114Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor, salva mi vida”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.


La Palabra de Dios Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos 8, 35.37-39
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? En todo esto venceremos felizmente por aquel que nos ha llamado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

OraciónSeñor, admirable en tus santos, hoy nos acercamos a las reliquias de los santos Adrián y Natalia que se custodian bajo este altar. Por su intercesión te rogamos que nos ayuden a conocer tu voluntad y, en nuestra limitación, recibir fuerza para su cumplimiento. Gracias por escucharnos por medio de tu hijo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

(Breve espacio de silencio para orar por la intención particular)

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