martes, 2 de marzo de 2010

SAN ADRIÁN Y SANTA NATALIA
La historia de San Adrián nos lleva al siglo III y IV, en plena sociedad romana. Él era un mozo idólatra, encargado de la administración de justicia, que el emperador Maximiliano enviara a Nicomedia (Turquía) para presidir el martirio de 23 cristianos. Cuando vio la paciencia en el sufrimiento preguntoles qué premio esperaban recibir por tanto padecimiento. Ellos le respondieron que nadie podía imaginar el bien inefable que Dios tenía preparado para sus amigos. Entonces Adrián, tocado por la divina gracia, mandó que escribieran, que anotasen su nombre junto a los martirizados. Al saberlo el emperador, se dispuso a hacerlo desistir y lo mandó prender. Su mujer, Santa Natalia, convertida anteriormente al cristianismo, disfrazose de varón y se introdujo en la cárcel para contemplar el martirio de su esposo. Azotáronlo, cortáronle una mano y las piernas con una macheta. Quisierónlo quemar, pero su cadáver volviose incombustible. Por último, recogieron el cuerpo y lo llevaron a Constantinopla (Estambul) donde lo enterraron. Allí desplazose Santa Natalia para vivir, hasta el fin de sus días, a cuidar las reliquias de su esposo.

Fuele dicho a Natalia que su marido Adrián estava preso por el nombre de Cristo entre otros mártires. Oído por ella, llena de gozo fue a la cárcel, y echándose a los pies del marido, besando los grillos, le dezía:

-Bienaventurado eres, señor mío Adrián, que has hallado las riquezas que no te dexaron tus padres, pues ellos fueron idólatras y tú vas seguro a Jesucristo, en quien has puesto los tesoros para hallarlos en tiempo de la necessidad, cuando nadie será bastante a librar de penas al miserable que se condenare. Camina, señor, en lo començado, no te canses para que gozes las promessas de Cristo. No te espanten los tormentos del tirano, sino mira la constancia y paciencia destos santos mártires que están presentes. Imítalos en la vida y serás con ellos premiado en la muerte.

Aviendo dicho esto la santa muger, andava de uno en otro besando las prisiones que tenían, y dezíales:

-Ruégoos, siervos de Jesucristo, que animéis a mi señor y marido Adrián. Ganad su alma para Dios, sedle vosotros padres, nazca por vosotros para la Vida Eterna.

El santo mártir Adrián le dixo:

-Vete, hermana mía, a casa, que llegando el tiempo de mi muerte yo te llamaré para que te halles presente.

Y assí lo hizo, que sabido el día en que le avían de martirizar, alcançó de los ministros del emperador Maximiano que le dexassen ir a su casa. Y diéronle esta licencia porque quisieran se huyera, estan- do /(106r)/ bien con él, aunque les fuera a ellos dañoso. Yendo él a su casa, y siendo visto por Santa Natalia, creyó que huía del martirio. Entristecióse demasiadamente, y començó a llorar. Llegando cerca, arrojó la labor que tenía en sus manos y corrió a la puerta, y cerróla muy bien, diziendo:

-No trate más comigo, ni yo le vea de mis ojos al covarde que bolvió atrás del buen camino que llevava y a mentido a su Dios y Señor. No me hable palabra, ni oiga yo lengua que ha echo engaño a la presencia de su Criador.

Llegóse más cerca, y teniendo bien cerrada la puerta, dixo:

-Oh, hombre entre todos los hombres descreído y sin Dios, ¿quién te hizo fuerça que començasses lo que no avías de acabar? ¿Quién te apartó de aquellos santos en cuya compañía te dexé? Dime por qué has buelto las espaldas antes que se començasse la batalla. ¿Por qué arrojaste las armas como cobarde antes que viesses al enemigo? ¿Por qué te cuentas ya entre los heridos y no has disparado saeta? ¿Qué haré, infelice de mí? ¿Quién me juntó con un descreído? No merecí yo ser llamada muger de mártir, sino que con razón me llamarán muger de renegado. Por un momento fue mi alegría, y por muchos siglos será mi afrenta y oprobrio.
No hizo poco el santo mártir Adrián en acabar con ella que creyesse que no huía del martirio, sino que venía a llamarla para que se hallasse a él presente. Como se halló, y con su presencia no poco ánimo le puso para que padeciesse tormentos terribles y al cabo la muerte constantemente. Y la misma Natalia se mostró allí, y después, muy constante en huir del tirano, que la pedía por muger. Passó de Nicomedia, donde fue el martirio de San Adrián, a Constantinopla, donde santamente acabó la vida. Es de Surio, tomo quinto.

Tres siglos después la devoción a San Adrián extendiose por la Hispania visigoda para convertirse en uno de los dos santos de culto más antiguo de la Península. En Galicia en la actualidad, en Bergantiños se celebra en cuatro parroquias.

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