domingo, 24 de octubre de 2010

Crónica del Taller de Liturgia,
impartido por el Padre Juan María Canals, cmf
León, 9 al 12 de octubre de 2010

Con el título María, celebrada en la Liturgia, el Padre Canals nos introdujo en el conocimiento de la figura de María en la Liturgia. Fueron cuatro charlas repartidas en tres días. Primero tuvimos una introducción, después nos detalló cuál es el origen de la piedad y veneración mariana, a continuación nos explicó cómo la liturgia “hace memoria” de Santa María. Y concluyó con una breve pero muy profunda explicación de las actitudes de María presentes en la liturgia.

Para vivir el Misterio Pascual de Cristo en la Eucaristía hay que tener presente a María, contemplar la actitud cristológica de María. María ha ocupado un puesto principal en la liturgia y en la piedad popular. A partir del Concilio de Éfeso se impulsa y desarrolla el culto litúrgico a la Virgen María. Quedan definidos los orígenes de la devoción a María fijándonos en el NT, en cómo los Apóstoles hablan de María. Los evangelios nos cuentan cosas sobre la vida de María, y van creando una teología basada en textos escritos. Sin embargo, se produce un extraño silencio de la vida de María. Con los pocos datos que nos aportan los evangelistas, con las tradiciones y la piedad popular se va desarrollando la devoción a María. Seguramente este silencio de María se debe a la centralidad del Misterio de Cristo. Dios quiso que fijáramos la atención en el Misterio pascual, y no en fechas concretas.

El origen de la piedad o veneración a María, es de los primeros siglos (S.II, SIII). La liturgia de San Hipólito por ejemplo hace referencia en la plegaria eucarística a la Virgen. Aparece la Virgen y su función dentro de la historia de la Salvación. Se rezan también antífonas a la Virgen. A lo largo de los Siglos V al X, se definen fiestas marianas en relación a Cristo (La Anunciación, la Presentación del niño en el Templo…), después durante los S. XI al XVI se definen fiestas con mas personalidad mariana (La Inmaculada concepción, la Visitación, la Virgen del Carmen …) Y por último, tenemos fiestas que surgen de la Piedad Popular (Virgen del Rosario, Virgen de Fátima, de Lourdes) fiestas con carácter exclusivamente mariano.

En el pueblo cristiano surgen todo tipo de devociones a María, sin embargo la liturgia entra en un periodo decadente cuando se equivale liturgia a ceremonia, a rito. Se pasa de liturgia a devoción. Actos plenamente litúrgicos se quedan en actos puramente de devoción. La piedad mariana no ha de sustituir al acto litúrgico. Hizo falta una encíclica del Papa Pablo VI “Marialis cultus” para definir cual es el culto mariano, y su distinción con la liturgia. La piedad popular ha de ser educada y tiene que estar armonizada con el tiempo litúrgico. Habría que preguntarse si hemos sabido educar para la liturgia, entendida no como devoción, sino como acto sagrado. Y María unida al Hijo, al misterio Pascual y por tanto igualmente presente en la Liturgia.

La liturgia “hace memoria” de Santa María. Hay un solo año litúrgico entorno a las fiestas cristológicas y María siempre acompaña todas estas fiestas. El eje de la celebración litúrgica es el Misterio Pascual. La pascua es el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida. Por tanto si no se celebra la muerte no hay resurrección. Todo el año litúrgico está centrado en el Misterio Pascual, y la forma de vivir cada celebración es morir y resucitar con Cristo. Es un doble movimiento, el hombre que sube hacia Dios, Dios que baja hacia el hombre. El año litúrgico se compone de los tiempos fuertes más las fiestas de la Virgen. Todos los tiempos fuertes tienen a su vez, vinculación con la Virgen. Tiempo de Adviento, Navidad claramente la Virgen es citada en numerosos momentos. Sin embargo observamos nuevamente ese silencio de María en los textos litúrgicos durante el tiempo de Cuaresma. Es entonces cuando surgen las fiestas de la piedad popular. Al igual que en el Tiempo Pascual, cuando los textos no nos hablan de María tenemos que fijarnos en cómo vivió María todos este tiempo. Durante todo el Tiempo Ordinario celebramos una y otra vez el Misterio Pascual, con momentos fuertes en las Solemnidades y Fiestas Marianas. Y recurrimos a María para entrar en el Misterio.

Por último, cuáles son las actitudes de María presentes en la Liturgia. Hacer memoria del Misterio Pascual es comprometido y peligroso. Nos pone en tensión, porque hacer memoria es entrar en comunión con María y participar de lo que ella vivió a su vez al entrar en comunión con Cristo. Para entrar en esta comunión lo primero es invocar al Espíritu, el mismo de María. Y después dejar que sea Dios que nos hable en la liturgia y no al revés. Es una primera actitud de María: la Escucha de la Palabra. Otra actitud es el silencio interior, clave para poder percibir el susurro de Dios. Guardar ese susurro de Dios en el corazón. Más actitudes serían: la Alabanza y la Acción de Gracias; la ofrenda, la Virgen se ofreció al Padre.

Respecto al ofrecimiento, señalar que durante la Eucaristía, el Ofertorio no es el momento del ofrecimiento, es después de la Consagración. Una vez consagrado el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo podemos hacer nuestra ofrenda al Padre. María vivió en plenitud este ofrecimiento al Padre.

Como conclusión del Taller, y respecto al hecho de “hacer memoria” fijándonos más en los textos de la Liturgia, el Padre Canals nos explicó muy brevemente cómo en toda oración lo que hacemos es doxología, es decir damos Gloria a Dios. La Liturgia en glorificación. Y como no hay oración sin el Espíritu Santo, aquél por el cual se dejó llevar la Virgen, nosotros desde el principio de cada celebración litúrgica nos dejamos llevar por lo que la Palabra nos dice. Palabra que recibimos del Texto Bíblico (el de la Santa Escritura) y del texto eucológico (el de la Santa Iglesia).

Julia del Moral





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