martes, 19 de abril de 2011

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA
RADIO VATICANA
2011

LUNES SANTO
1. A lo largo de la Semana Santa vamos a leer los hermosos poemas del Siervo de Dios que se encuentran en la segunda parte del libro de Isaías.
En este día de lunes santo, el Siervo se nos presenta como un hombre manso y humilde. En el imperio babilónico cuando el pregonero real rompía una caña y apagaba una lámpara, el pueblo entendía que se había decretado una pena de muerte. Pero el elegido por Dios no quebrará la caña cascada ni apagará la mecha vacilante”. Es el Señor de la vida. Ha sido llamado por Dios para convertirlo en signo de su alianza y promotor de su justicia. Él abrirá los ojos de los ciegos y sacará a los cautivos de la prisión (Is 42, 1-7).
En esta figura misteriosa se anuncia y anticipa ya la misión de Jesús, elegido por Dios para ser testigo de su misericordia y de su salvación.

2. La lectura del evangelio según san Juan (Jn 12,1-11) nos dice que seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania. Allí se encuentra con sus amigos Lázaro, Marta y María. El ambiente tiene el aire de una despedida, marcada por un dramático contraste.
Por una parte se recuerda el costoso perfume de nardo, con el que María unge amorosamente los pies de Jesús. El gesto anticipa de alguna manera su sepultura, como el mismo Jesús declara.
Pero, frente a la delicadeza de los amigos, se oye la amarga crítica de Judas, escandalizado del homenaje que se tributa a su Maestro. Anticipando un cinismo que se repetirá a lo largo de los tiempos, Judas aparenta preocuparse por los pobres, precisamente él, que es recordado como ladrón por el mismo evangelista.
Al mismo tiempo se nos advierte de que el fin de Jesús está próximo. Baste para recordarlo la conjura de los sumos sacerdotes, decididos a matar no sólo a Jesús sino también a Lázaro, a quien el Señor ha devuelto a la vida.

3. También nosotros nos encontramos hoy a seis días de la celebración de la fiesta de Pascua. Todo nos habla ya de los acontecimientos que vamos a celebrar en esta semana.
Esperamos que, también en nuestro mundo y en nuestras comunidades, el Señor se vea confortado por los gestos afectuosos y hospitalarios de sus amigos. Y deseamos que el amor al Señor no nos haga olvidar a los pobres con los que él se identifica.
Con un corazón conmovido hacemos nuestra en este lunes santo la oración litúrgica de este día:
“Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza y levanta nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo”. Amén.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA
RADIO VATICANA
2011

MARTES SANTO
1. En este día de martes santo, se proclama el segundo de los poemas del siervo de Dios que se encuentran en la segunda parte del libro de Isaías. El texto lo presenta con los rasgos de un profeta, elegido personalmente desde las entrañas maternas para reunir a los hijos del pueblo de Dios y anunciar su salvación hasta las últimas fronteras de la tierra.
El Siervo de Dios recibe una misión universal que trasciendo los límites y los pretendidos derechos de su pueblo. Así le habla Dios: “Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra”. Así pues, su vocación revela el corazón de un Dios que desea la salvación de todos los hombres.
A los cristianos, el recuerdo de aquel profeta misterioso nos ayuda a comprender la misión de Jesús. Él es el profeta -y más que profeta- elegido para reunir en uno a los pueblos que antes vivían separados.

2. El evangelio que ayer se proclamaba recordaba el comentario displicente de Judas ante el gesto amoroso de María de Betania que ungía los pies de Jesús con perfume de nardo.
También hoy, el evangelio de Juan presenta un dramático contraste. Por una parte, de nuevo recuerda la figura de Judas (Jn 13, 21-33.36-38). El escenario es ya el de la última cena de Jesús con sus discípulos. El Maestro anuncia que uno de ellos lo va a entregar. Untando un trozo de pan se lo dio a Judas Iscariote. El texto anota que detrás del pan entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: “Lo que tienes que hacer hazlo en seguida”. Después de tomar el pan, Judas salió inmediatamente. “Era de noche”, apunta el evangelio.
Por otra parte, el mismo texto presenta la figura de Simón Pedro. Percibe que Jesús se despide de sus discípulos y le pregunta adónde va. En un arranque de valor, confiesa estar dispuesto a dar su vida por el Maestro. Y Jesús le contesta: “Con que ¿darás tu vida por mi? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

3. El evangelio de hoy subraya la infidelidad de los discípulos. También nosotros hemos tratado de seguir a Jesús, de escuchar su palabra, seguir sus pasos y vivir de acuerdo con su mensaje.
Sin embargo, somos conscientes de nuestras faltas y de nuestros rechazos a la voluntad de nuestro Señor.
Con sinceridad de corazón hacemos nuestra la oración litúrgica que hoy pronuncia la Iglesia:
“Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA
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MIERCOLES SANTO
1. En la celebración eucarística de este día de miércoles santo, la primera lectura recoge el tercero de los poemas del siervo de Dios (Is 50, 4-9a). En él se evoca la fidelidad de aquel profeta misterioso. Fue llamado desde el seno materno a escuchar fielmente la palabra de Dios para que pudiera transmitir a los abatidos una palabra de aliento. Esa fidelidad a su vocación habría de llevarlo a sufrir insultos, afrentes y azotes.
Pero al fin y al cabo nadie podrá probar ninguna culpa en él y Dios saldrá en su defensa, como afirma él mismo: “Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado”.
Aquella figura del profeta perseguido centra hoy nuestra meditación sobre la misión de Jesús, Mensajero y mensaje de Dios, el justo injustamente ajusticiado, cuyo honor Dios ha reivindicado para siempre.

2. En el evangelio según san Mateo que hoy se proclama aparece de nuevo la figura de Judas (Mt 26, 14-25). Por una parte, se nos cuenta del pacto que propuso a los sumos sacerdotes: “¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?” Ellos se ajustaron con él en treinta monedas.
El texto evangélico describe a continuación los preparativos para la cena de Pascua que Jesús había de celebrar con sus discípulos. Cuando está a la mesa con los Doce, Jesús anuncia que uno de ellos lo va a entregar. Uno y otro preguntan: “¿Soy yo acaso, Señor?
El relato retorna aquí a su comienzo, como la antífona que inicia y cierra un salmo. Ante la pregunta de Judas, Jesús responde secamente: “Así es”.
Es como si el texto evangélico quisiera subrayar en este día que la Pascua de Jesús y su entrega han sido facilitadas por la conjura de los jefes religiosos del pueblo y por la traición de un discípulo.

3. Nosotros nos preparamos para la inminente celebración de la cena del Señor y la memoria de su muerte y su resurrección. Evidentemente no estamos ante una simple representación. Como dice el prefacio que estos días se canta en nuestra liturgia, “en los días santos que se acercan “celebramos el triunfo del Señor sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención”.
Con el espíritu de fe y de gratitud que requiere la celebración de estos misterios, hacemos nuestra la oración litúrgica de hoy:
¡Oh Dios!, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA
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JUEVES SANTO
1. Este es uno de aquellos tres jueves que, según el verso popular, “relumbran más que el sol”. En la misa vespertina del jueves santo celebramos la cena del Señor.
En la primera lectura de la misa (Ex 12, 1-8.11-14), la evocación de la institución hebrea de la cena pascual nos invita a agradecer la liberación de Dios, que se ha hecho realidad definitiva en Jesús, el cordero de la nueva pascua.
En la segunda lectura San Pablo recuerda cómo Jesús entregó su propia vida en la entrega del pan y del vino (1 Cor 11, 23-26). Por eso, cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Con razón, en cada eucaristía, anunciamos, su muerte, proclamamos su resurrección y manifestamos nuestro deseo de que venga a juzgar a los vivos y los muertos, completando su obra de salvación.

2. La lectura del evangelio de Juan (13,1-15) nos presenta a Jesús, lavando los pies a sus discípulos, para darnos ejemplo de humildad y de mutuo servicio en el amor. Así dice Jesús: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debeis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.
El lavatorio de los pies es en el evangelio de Juan el equivalente a la institución de la Eucaristía que se recuerda en los tres evangelios sinópticos.
Ambos gestos nos revelan la entrega de Jesús. En uno se muestra como el Señor que se hace siervo, en el otro se muestra como el maestro que entrega su vida en alimento y en bebida. Como canta el prefacio de hoy, “su carne, inmolada por nosotros, es alimentos que nos fortalece; su sangre derramada por nosotros, es bebida que nos purifica”.
Así pues, la institución de la eucaristía, la misión del sacerdocio ministerial y el mandato supremo del amor mutuo, a ejemplo de Jesús, centran nuestra meditación en este día sagrado. Por esos tres dones damos gracias en la adoración eucarística de esta tarde-noche.

3. Con espíritu agradecido hacemos nuestra la oración colecta de la Iglesia reunida este día ante el misterio de la eucaristía:
“Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la Alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

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VIERNES SANTO
1. La celebración de la Pasión del Señor incluye hoy el cuarto de los cánticos del Siervo de Dios, que se encuentran en la segunda parte del libro de Isaías (Is 52,13 - 53,12). El profeta, elegido por Dios y enviado a proclamar la paz y la justicia, se nos presenta hoy como un “hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros”.
Él es el justo injustamente condenado: “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.
La lectura de este poema, precisamente en la tarde del viernes santo, prepara nuestro espíritu para la meditación de la pasión y muerte de Jesús, que hoy se proclama siguiendo el texto del evangelio de Juan.

2. En el Señor crucificado se nos revela la plenitud del amor de Dios. Según ha escrito Benedicto XVI, la cruz de Cristo es la nueva zarza ardiente, en la que se nos muestra Dios.
Como dice el libro de los Números, los hebreos encontraron curación de las mordeduras de las víboras al volver sus ojos a la serpiente de bronce que Moisés levantó sobre un mástil en medio del desierto (Núm 21, 4-9). Del mismo modo, los seguidores de Jesús levantamos nuestra mirada hacia él, que pende de un madero por nuestra salvación (cf. Jn 3, 14s; 19,37).
Bien sabía Pablo de Tarso que el crucificado era escándalo para los judíos y necedad para los griegos. Pero él podía confesar que para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo crucificado es fuerza y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24).

3. En este día damos gracias a Jesús por haberse humillado y hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 8).
Dirigimos, además, una mirada compasiva a este mundo que pretende retirar la imagen del Crucificado, como si de ella viniera una maldición y no una bendición.
Ante la cruz de Jesús recordamos también a tantos hermanos nuestros que se ven obligados a cargar con las cruces más pesadas y son condenados a muerte.
Y, junto a toda la Iglesia, repetimos con serena confianza en su resurrección la oración con la que esta tarde concluye la celebración de la pasión del Señor:
“Dios todopoderoso, rico en misericordia, que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, no dejes de tu mano la obra que has comenzado en nosotros, para que nuestra vida, por la comunión en este misterio, se entregue con verdad a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

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SÁBADO SANTO
1. En el silencio del sábado santo acompañamos a María en su soledad y meditamos el descenso de Cristo a la morada de los muertos. Jesús ha asumido nuestra condición humana y ha aceptado el misterio de la muerte. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto“ (Jn 12,24).
Pero al atardecer del sábado entraremos en el templo a la luz de nuestras velas que reciben su luz del cirio de la pascua. En ese cirio vemos esta noche la imagen de Cristo que ilumina las tinieblas del mundo y las que a veces se apoderan de nuestro corazón. El solemne pregón pascual canta la grandeza de esta noche en la que la oscuridad es vencida por la luz y el pecado es vencido por la gracia.
La palabra de la Sagrada Escritura nos invita a recorrer la historia de la Salvación. La creación del mundo y la creación del hombre marcan el inicio de la intervención de Dios en la historia humana. Esa historia pasa por la liberación de Israel y por el anuncio profético de un corazón nuevo.

2. El relato evangélico que es proclamado en esta noche santa nos invita a acompañar a dos mujeres que se dirigen al sepulcro de Jesús (Mt 28, 1-10). No encuentran su cuerpo. Un ángel les desvela el misterio de esa ausencia. Jesús ha resucitado como lo había dicho.
La constatación del hecho de la resurrección se convierte en noticia que han de trasmitir a todos los seguidores de Jesús. El evangelio de Mateo que se proclama este año, deja constancia de que Jesús les sale al encuentro para invitarlas a la alegría y a la superación del miedo. “No tengáis miedo; id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. Con esa nueva fortaleza han de anunciar el mensaje que les ha sido encomendado.

3. Todo nos hace pensar que esta palabra se proclama para nosotros. Nosotros hemos recibido la revelación de la resurrección de Jesús. Nosotros participamos de la alegría pascual. Nosotros hemos de anunciar esta buena noticia a todos nuestros hermanos.
Alborea el primer día de una nueva semana que no tendrá fin. Con toda la Iglesia pedimos el don de una nueva vida: “Oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por Cristo nuestro Señor”.
El Señor resucitado nos ha llamado para ser testigos de su vida y anunciadores de la gran esperanza. Él nos acompaña por el camino. Amén. Aleluya.

Don José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

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