domingo, 12 de agosto de 2012



                                LA ORACIÓN ENCUENTRO CON DIOS

En el libro del entonces cardenal Ratzinger “La sal de la tierra”, el periodista pregunta: “¿Cuántos caminos hay para llegar a Dios?” El Papa contesta: “Tantos como hombres". Hay muchos caminos que llevan a Dios y otros que no sirven para encontrar a Dios ni construir la sociedad.

San Juan de la Cruz en la Subida al Monte Carmelo nos habla de la oración como el camino ordinario, por eso interesa mucho conocer este camino. Nuestros místicos nos pueden enseñar.

La Beata Madre Teresa de Calcuta decía: "El fruto del silencio es la oración y el fruto de la oración es la fe". Hay personas que dicen: ¿Y yo, cómo me puedo relacionar con Dios a quien no veo, ni siento?

La oración es la que nos enseña el lenguaje para hablar con Dios a quien no veo, ni siento. La oración nos da la fe para hablar y sentir a Dios cuando él quiere y como él quiere porque es un don que hay que pedir humildemente.

Me pongo a orar y como no siento nada ni veo, me aburro y lo dejo -¿Quién te ha dicho que tienes que ver o sentir?- Se trata de creer, fiarte, esperar y amar.

Orar es tratar de amistad estando muchos ratos a solas con quien sabemos nos ama. Y sigue la Santa de Ávila: “Los que tienen oración al principio traten con personas que traten lo mismo, sin tener miedo a la vanagloria por tratar de oración”.

Jesús introdujo a sus discípulos en la oración mediante el ejemplo y la atracción, así como mediante la enseñanza. El, que se había sentido atraído por la belleza y la bondad del Padre desde toda la eternidad, comunicó a los discípulos esa misma experiencia de ser arrastrado.

Necesitamos ejemplos de personas orantes, la gente necesita vernos orar. Es fascinante e impresionante lo que vamos conociendo de la vida personal de la Beata Teresa de Calcuta por medio de los que estuvieron muy cerca de ella. La Madre Teresa había llegado a ser una oración viva, y la gente se sentía encantada de rezar en su presencia.

Todas las mañanas y todas las tardes personas de todas las confesiones -o de ninguna-, se apiñaban en la capilla de las Misioneras de la Caridad en Calcuta. Como Madre Teresa vivía su existencia en estado de oración, quienes se le acercaban no sólo experimentaban su bondad, sino la bondad y la presencia de Dios a través de ella.

“Una joven profesional que había estado apartada de la fe durante muchos años llegó a nuestra comunidad de Tijuana”-cuenta el Padre Joseph Langford cofundador con Madre Teresa de los misioneros de la Caridad- para encontrarse con Madre Teresa por primera vez. Había esperado ver a una ganadora del Premio Nobel, pero en su lugar le sorprendió hallarse de improviso en la presencia de Dios. Escribió: “Me di cuenta de que cuando la conocí, lo vi a Él. Eso me cambió para siempre.”


Don Francisco Garrido, sacerdote de León.

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